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Hoy paseaba por el Retiro. Me gusta ir a pasear cuando hace frio, cuando el aire huele a nieve y se te llenan los ojos de lágrimas.

Me gusta ir a ese parque porque de alguna forma es como estar fuera de Madrid. Ahora está muy bonito con montones de hojas remolonas por el suelo. Me gusta el ruido que hacen mis pies al arrastrar las hojas. Siempre bordeo el lago y escapo de la gitanas que quieren leerme la mano.

Recorro el camino de regreso hasta que llego a la estatua del Ángel caído. Leí alguna vez que es una de las pocas estatuas que hay dedicadas a Lucifer, así somos los madrileños. Siempre me quedo quieta al verla, la cara de Lucifer parece no entender nada. ¡Pero por qué me cae a mi este chaparrón! Pobrecillo, está roto.

A veces todos estamos un poco rotos por dentro. Son etapas, uno se rompe y luego vuelve a arreglarse. Mientras, arrastramos nuestro ángel caído en la frente, un poco cabizbaja, para que nadie se de cuenta. Todos hemos sido expulsados alguna vez del paraiso por no ser buena gente pero, oye, Lucifer fue el primero. Gracias.

Pedro Guerra y Luis Pastor, Ángel Caído

Lamentable la voz que sale de tu boca, pensé la primera vez que escuché cantar a Britney Spears. Nunca me ha gustado, y no por el rollo comercial, sino porque sencillamente no me dice nada.

Indagando por la red he encontrado una versión de Britney Spears que me ha dejado tocada. Sí, y no sólo por que la cante Travis, sino porque no me había dado cuenta de que esa canción tenía una letra tan bonita.

Ha pasado de ser el bodrio que me torturó durante un verano a convertirse en una canción intimista, sencilla y un poco triste, todo sea dicho. A veces solo es necesario cambiar la perspectiva para que todo cambie de forma. Míralo desde arriba, verás que no está tan lejos.

Britney Spears …Baby one more time

Travis, Hit me Baby one more time

Mi vecino tiene una bateria, será desgraciado. Por regla general soy bastante comprensiva con los aficionados a la música. En casa tenemos un piano, que es tocado frecuentemente, y casi me he acostumbrado a vivir con música clásica 24 horas al día. Claro, cuando uno ve un piano en la casa ajena dice: ¡Jo, qué envidia! Pero eso es porque la gente lo tiene idealizado, piensan en el Claro de Luna de Debussy, en la BSO de Amelie o en la patética de Bethoveen. No amigos, tener un piano en casa significa escuchar una y mil veces el mismo pasaje hasta que sale al tempo adecuado, significa haberse chupado El Pianista Virtuoso 1, 2, 3… (libros que sólo son puñeteras escalas).

Si eso se hace insoportable imaginaros escuchar a alguien que está aprendiendo a tocar la batería. Primero le dio por el Yembe, se ve que le sabió a poco y ahora ha decidido comprarse toda la máquina de percusión. Mi cuarto parece el backstage de algún garito mal insonorizado. Se pone a las siete de la tarde y hasta las diez no para. Un infierno.

Hay días en los que el alboroto es tan criminal que he llegado a subir a su casa a timbrar, para que se corte un poco. ¡Qué le ponga un trapo a las baquetas o algo! No sé. Hoy me he cansado tanto que he decidido hacerle la guerra a mi vecino… y cuando se ponía a tocar yo le ponía esto a 50… y el tocaba más fuerte… al final… hasta los cristales timbraban, pero al menos ha funcionado. Después de un rato se ha hecho el silencio… ¡Bendito silencio!

ZZTop, Gimme all your loving

Es una faena que estemos tan mal hechos ¿Se puede pedir reclamaciones al supremo hacedor? ¿Alguien tiene su dirección?

Últimamente ando algo obsesionada con lo que está bien y con lo qué está mal. No tengo las respuestas. Lo que para mi está genial, para ti podría ser un horror. Existen tantas argumentaciones como toma de decisiones. La verdad, la mentira, lo que creemos justo, lo que es real, lo que es ficción, lo que es fruto del azar… Demasiadas posibilidades.

Existe una teoría por ahí que se llama “la espiral del silencio”. Fascinante. Seré breve. La teoría esta dice que uno deja su opinión a un lado (especialmente si es la de la minoría) para aceptar la de los demás (especialmente si son la mayoría). Es un tanto alienante, si lo piensas así. En fin, las opiniones son como las setas, crecen bien en la sombra.

En el fondo no merece la pena darle demasiadas vueltas a esta cuestión. Nadie tiene control sobre nada.

Yeah, yeah, yeahs, Good Lion

Me gustan las canciones complejas, esas que a veces sientes que no tienen ningún sentido. Tienen una letra poética, enlazan palabras que riman, que pegan, pero que si lo analizas un poco a fondo son bastante caóticas en conjunto.

Me gustan ese tipo de canciones porque uno tiene la libertad de darles el sentido que quieran. Pueden hablar de cualquier cosa, de la que más te apetezca. Moldeas la realidad a tu gusto, y eso en estos días es de agradecer.

Este tipo de letras no se suele dar en las canciones de folk. EL folk, como la canción de autor, es ese tipo de música que uno escucha para encontrar respuestas. Están convencidos de lo que cantan, les va la vida en ello, diría yo. Aunque, claro, hay excepciones. Hace poco he descubierto a Mariee Sioux. Es una niña que canta folk con letras verdaderamente complejas, sin sentido aparente. Aún así he de reconocer que tiene algún tipo de gancho guardado. Creo que es esa voz infantil que hace que veas el mundo desde un punto de vista inocente.

Mariee Sioux, Buried in Teeth

Ayer me rayé viendo redes. No es que sea uno de mis programas favoritos (no soy tan pedante) pero no podía dormir y la única opción era esa, sino quería ver uno de esos programas de encuentra las diez diferencias, mientras una tia bastante borde dice: “Llámame, que te he dicho que me llames, me lo debes. Estoy sola”. Dan un poco de grima esos programas.

Bueno, el programa de ayer iba de cómo percibe el tiempo nuestro cerebro. Parece absurdo, pero es bastante interesante. Al parecer el tiempo lo percibimos de forma lenta, porque lentos son nuestros sentidos cuando quieren llegar al cerebro, especialmente la vista, menos el oido.

Lo que más me fascinó creo que fue como nuestro propio cerebro borra cosas automáticamente, como cada fotograma que captamos al parpadear. Además, dijo que concebimos el tiempo según los recuerdos. Si has pasado muchas cosas parace que has vivido más tiempo (aunque haya sido un breve periodo).

No sé, yo últimamente tengo la sensación de que el tiempo es muy tonto y que se me ha debido romper el reloj

Revolver, Tiempo pequeño

¿Os habéis dado cuenta de las pocas canciones que hablan directamente de la muerte? Si lo hacen es para reirse o para dejar escapar algún pensamiento de amargura.

Es lógico, es parte del estilo de vida que triunfa en estos años, ese en el que se ignoran las cosas. De hecho, creo que algo tan natural como la muerte se ha convertido últimamente en un hecho casi ficticio. He estado buscando, intentando recordar… pero ha sido imposible. No hay canciones modernas que hablen directamente de la dama de la guadaña.

Sólo las obras clásicas hablan de la muerte. Los compositores de entonces estaban hechos de otra pasta, eso y bueno, que una simple gripe significaba que estabas a un pasito de visitar el cielo. Existe una ópera que es una auténtica alegación a la muerte. El problema de las óperas (de las buenas) es que están en italiano, pero eso os lo soluciono yo.

“La mamma morta” de Umberto Giordano es desde mi punto de vista una de las arias más expresivas de la historia de la ópera. Cuenta la historia de un personaje a la que la muerte le ronda los atajos y cómo se defiende de ella. Aunque todo esfuerzo es vano. No os asustéis porque sea ópera, de hecho, es la banda sonora de una famosa película.

La mamma morta, Maria Callas

La vida es un constante dar y recibir, salvo si eres santo, pero yo no soy santa. No sé si los santos navegan por internet.

A veces uno intenta dar y dar y seguir dando, no porque sea especialmente bueno, creo que es más por falta de luces. Uno da sin esperar nada a cambio ¡MENTIRA! Uno da con la secreta esperanza de recibir, por lo menos, parte de lo dado. Pero el mundo no funciona así. Así que cuando uno da y no recibe nada, viene la frustración.

Cuando van pasando los años te das cuenta que tienes que empezar a convertirte en lo que tú pensabas que estaba mal, en una persona algo abominable. Interesada. Claro, cuesta hacerlo. Una quiere dar y seguir dando, pero eso hace daño. Así que hay que poner límites y dar solo un poco a los demás.

La vida está llena de contradicciones extrañas

Quiéreme, Cola Jet Set

Uno piensa que lo errores sirven para algo, para hacerlo mejor después. Crees que te servirán para no estropearlo otra vez, que ya estás avisado. No, seguimos metiendo la pata, seguimos equivocándonos porque, muy a nuestro pesar, las cosas no son de la forma que nos gustaría que fuesen (ojú)

No hay que martirizarse demasiado al respecto. Hay que reirse ante las grandes meteduras de pata, procurar aprender, y reirse. Muchas veces nos mortificamos hasta el infinito y más allá y eso no sirve para nada. Uno tiene que mirar en general, el cómputo total. No quedarse en un momento aislado sino mirar su continuidad. Así es más facil ver que sí, que metiste la pata, pero que eso te permitió seguir adelante y abrirte nuevas puertas.

Fleet Foxes, He doesn’t know why

Alguien dijo una vez: “¿Sabes la única forma que tiene un argentino para suicidarse? TIrándose desde su propio ego. Es una caída fatal”

Imagínate eso hecho música, quizá roces el concepto babasónicos. Adorados como dioses en hispanoamérica, por estas latitudes no son tan conocidos, y además a diferencia de lo que pasa al otro lado del charco, sus seguidoras no son adolescentes. Sí, en España es difícil imaginarse a una niña de 15 años supirando por un más que cuarentón cantante escuálido.

La letras, más bien ñoñas, hablan de novias o novietas, de rebeldía, de ser un creído elevado al cubo. Y sin embargo, me gustan. A saber, a lo mejor veo en ellos lo que me falta a mi. La música suena a todo, te puedes encontrar desde un rock tocado con bastante brío a una balada del tipo para,-se-me-está-subiendo-la-diabetes-con tanto azúcar. Lo que hay que aceptar, hay que reconocer también las cosas buenas, es que en concierto dan el cante y el espectáculo de una manera asombrosa. No paran, de arriba a abajo, cortejando con un movimiento de cadera más que sorprendente, un look desternillante y mucha locura 100% argentina.

Sí, no son mis favoritos, pero disfruté el concierto (y me llevé una púa, bueno, me la regaló mi acompañante. Ella se la llevó y yo me la quedé)

Babasónicos, Irresponsables