Todas las mañanas me levanto envuelta en una densa niebla. Bajo a la cocina cuando todos siguen durmiendo, cuando todavía no hay ruido. Abro la puerta del jardín y desayuno un café solo, sentada en una silla de hierro, arropada en una manta de cuadros.
Y veo cómo pasa el panadero en su furgoneta blanca, y cómo empiezan a subir a pastar las vacas. A la izquierda de mi casa hay una enorme montaña que se pierde entre miles de árboles. Me quedo mirando por si veo irse a dormir a alguna anjana trasnochadora. A veces cuando me quedo mirando fijamente me parece ver una de sus túnicas, pero cuando vuelvo a mirar ha desaparecido. Las anjanas no son fáciles de ver.
Me gustan las mañanas en el pueblo, me gusta el frio, me gusta el silencio de encontrarme en un lugar perdido al norte del norte
Nacho Vegas, Al norte del norte

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo