Los días de lluvía me ponen un pelín nostálgica. Alguien me dice siempre que la nostalgia es un arma de destrucción masiva, así que andaré con cuidado.
Me gustan los cielos grises, y el ruido que hace la lluvia, pero me pone triste. Es como si tuviese el alma resfriada y tengo miedo de que con un sólo estornudo se me escape por el ombligo.
Creo que es porque en otra vida fui del norte. En serio… ¿Conocéis a alguien del norte? Es difícil conocerles, son un poco cerrados. Si no tienes mucha paciencia, no sueles tener amigos que sean del norte. Son un poco especialitos. En el norte la lluvia es considerada arte, y no es para menos. Tienen que apreder a vivir con ella. La lluvia como concepto vital.
Retomemos mi otra vida. Sí, definitivamente yo en otra vida fui del norte. Creo que de alguna aldea perdida. Viví en un pueblecito, sin carreteras, de esos a las que sólo se puede llegar por caminos embarrados. LLevaba albarcas y tenía una vaca que se llamaba Amparo. Era maja la vaca, aunque se ponía terca cuando tenía que ordeñarla por la mañana (mala leche matutina).
Yo en otra vida fui del norte y por eso cuando escucho algunas canciones estoy en otro sitio, muy lejos de los atascos, de la gran ciudad, de la gente que pasa de todo, que no te conoce ni piensa hacerlo. En otra vida fui del norte, si no a ver cómo me explicas esta extraña sensación
Luar na Lubre, Tú, gitana